Los hábitos higiénicos propios del mundo romano generan en las ciudades hispanas la construcción de conjuntos termales públicos. Las termas se organizaban en torno a las clásicas tres piscinas: frigidarium, de agua fría, tepidarium, templada y caldarium, caliente.
Los baños romanos eran populares centros de reunión. En ellos, los habitantes de las ciudades disponían de tiendas, bibliotecas, jardines y palestras, destinadas a los ejercicios gimnásticos.
Los ciudadanos adinerados pasaban allí buena parte de su tiempo, que empleaban en charlar, entretenerse con juegos de mesa, o hacer ejercicios con pesas y balones medicinales. También los pobres asistían a los baños públicos, pues la entrada no resultaba cara, siendo incluso gratuita para los niños. Los ricos eran asistidos por esclavos o por empleados de los baños. En general, los bañistas eran gente ruidosa que cantaba, gritaba o gruñía con los golpes de los masajistas.
El baño romano resultaba todo un ceremonial. Los bañistas pasaban por tres o cuatro clases de baños, según fuera con agua caliente, fría, se realizara en seco o se utilizara vapor. Pasadas estas fases, se volvía al frigidarium, la piscina de agua fría.
En los baños no se utilizaba el jabón. En su lugar los bañistas se untaban la piel con aceite, siendo muy apreciado en todo el Imperio el procedente de Hispania. Pero los baños eran también el lugar favorito para las relaciones sexuales, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres.

 


 

 


 

 

 

 

Las termas ocupan en la vida romana un papel de primera importancia. Además de baños públicos, en las termas existían salas de reunión, de estudio y bibliotecas.
El modelo de terma imperial quedará establecido en las de Nerón y Trajano. Las de Caracalla, aunque sólo conservamos restos de sus muros y algunas bóvedas, nos ofrecen una perspectiva de su monumentalidad.
En realidad fueron iniciadas por Septimio Severo y finalizadas por Alejandro Severo hacia el año 240. El edificio de las termas se inscribe en un recinto cuadrangular y está rodeado de jardines.
El acceso se realiza por un vestíbulo que da paso a la sala de vestuario y a la palestra, que tiene otro vestuario en la zona norte. Al sur de la palestra encontramos el baño y el laconicum o baño turco. Dos nuevos baños completan la distribución de esta zona.
El centro del edificio está presidido por el frigidarium, piscina de agua fría, cubierto por enormes bóvedas de arista sostenidas por columnas adosadas que se coronan con elegantes entablamentos. A ambos lados se situarían las salas anejas.
Al sur del frigidarium se ubica el tepidarium, sala con calefacción de aire caliente bajo el pavimento, y el caldarium, sala circular dedicada al baño de agua caliente, de vapor y al masaje.
Al norte del frigidarium se halla el natatio, gran piscina.
El esquema del edificio es simétrico, por lo que las mismas dependencias que nos encontramos en el ala oeste se repiten en el ala este. De la misma manera, la exedra con salas anejas que se halla en el recinto que rodea a las termas en sí se repite en las dos alas. Si es único el amplio graderío que se establece en el lado sur del conjunto.

 

 


 


 

 

 Llamado en sus orígenes Anfiteatro Flavio, pasaría a ser nombrado Coliseo, por sus dimensiones espectaculares, y porque en sus cercanías estaba la estatua colosal de Nerón. Fue construido por orde...   Llamado en sus orígenes Anfiteatro Flavio, pasaría a ser nombrado Coliseo, por sus dimensiones espectaculares, y porque en sus cercanías estaba la estatua colosal de Nerón.

Fue construido por orden del emperador Vespasiano en 72 d.C., en los terrenos que había expropiado Nerón a la ciudad tras el incendio, como ejemplo de generosidad hacia el pueblo y cambio.

Para llevar a cabo esta empresa, Vespasiano, trajo más de 12000 esclavos judíos tras haber tomado Jerusalén. Fue construido con los mejores materiales y tecnología del momento.

Tras la muerte de Vespasiano en el 79 d.C., sería su hijo, Tito, quien lo inaugurara.  

 


 

 

 

 

  La expansión del mundo romano se basó en una red de miles de ciudades a lo largo del Imperio, que difundieron el modo de vida urbano. Esta reconstrucción ideal de una ciudad nos servirá para describir sus elementos con más detalle.
Todos los núcleos de población importantes estaban protegidos por una muralla, en la que se abrían varias puertas. Muy importante era el foro o plaza pública, un espacio abierto de carácter monumental.
Para garantizar el suministro de agua, los ingenieros romanos construyeron largos acueductos, que la llevaban a la ciudad desde lejanas distancias. Las termas constituyeron uno de los edificios básicos para toda urbe, pues los romanos fueron grandes aficionados a los baños públicos. En ellas, los ciudadanos podían disfrutar en su tiempo de ocio haciendo gimnasia o bien podían hacerse dar un masaje.
La sociedad romana invertía gran parte de su ocio en acudir a espectáculos, que se representaban en teatros, anfiteatros y circos. Los anfiteatros, en los que se celebraban combates de gladiadores, se hacían a veces siguiendo el modelo del Coliseo de Roma, en el que cabían hasta 50.000 espectadores.
Otro edificio importante era el circo. En él se desarrollaban espectáculos como las carreras de cuadrigas. Para ello tenía una pista ovalada, dividida por un muro central adornado con estatuas y trofeos, mientras que a los lados se situaban los graderíos.
Pero en la ciudad romana también existían edificios dedicados al culto, como basílicas o templos. Estos últimos albergaban las múltiples divinidades del panteón romano y, aunque podían ser de varios tipos, se caracterizaban siempre por su simplicidad y equilibrio.
Por último, las ciudades romanas se caracterizaban por su abigarrado conjunto de viviendas, agrupadas en manzanas más o menos regulares. Quienes podían permitírselo, habitaban en casas de una sola planta. Éstas contaban con un atrio o patio central, desde donde se accedía a las principales estancias, algunas decoradas con mosaicos. Si era posible, un patio exterior servía para solaz de sus habitantes.


  

 

Según la leyenda, Roma fue fundada en el año 753 a.C. por los gemelos Rómulo y Remo, que habían sido amamantados por una loba. Roma se situó a orillas del Tíber, en un punto donde el río se estrecha. Asentada sobre el monte Palatino, era un lugar de paso para rutas comerciales como la Vía Salaria y otras calzadas.
En su origen, Roma fue una aldea de pastores provenientes del los montes Albanos y Sabinos. En algo más de 200 años, los romanos conseguirán liberarse de los etruscos. Poco a poco iniciarán su expansión, primero por la costa del mar Tirreno; más tarde ocupando toda la Italia central y, finalmente, tomando la Magna Grecia.
En la Historia de Roma se distinguen tres grandes periodos: Monarquía, República e Imperio.
La Monarquía se extiende desde el siglo VIII hasta finales del siglo VI a.C. Época de fuerte influencia etrusca, en ella surge el Estado romano y se crea un nuevo sistema político.

En el año 509 a.C. los romanos, libres ya del yugo etrusco, instituyeron la República. En el siglo III, una vez conseguida la unidad de Italia, comienza la expansión del Estado romano por el Mediterráneo, en la que los romanos deberán derrotar a su gran rival, Cartago, en las llamadas guerras púnicas. La primera de ellas, entre los años 264 y 241 a.C., se salda con el paso a manos romanas de las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia.
En la Segunda Guerra Púnica, el cartaginés Aníbal derrotará a los romanos en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. En respuesta, Publio Cornelio Escipión partió en dirección a Hispania y venció a los cartagineses en Ilipa. Con la batalla de Zama, en el año 202, Roma vencerá a su principal enemigo, convirtiéndose en la primera potencia del Mediterráneo.
En la Roma republicana, el Foro era el centro de la vida política y pública. Atravesado por la Cloaca Máxima, que vertía sus aguas en el Tíber, cerca se encontraba el templo de Vesta, en el que las sacerdotisas debían mantener el fuego sagrado. En el periodo republicano, además, se construyeron otros importantes templos.
La gran figura de la Roma republicana será Cayo Julio César. En el año 59 a.C. César conquista las Galias, iniciando un periodo de expansión que hará que Roma, a su muerte en el año 44 a.C., controle prácticamente todo el Mediterráneo, desde Hispania hasta Siria. La armada romana, la más poderosa del momento, hace llegar a sus temibles legiones a los puntos más alejados del Mediterráneo. Sus campamentos se establecen en las provincias bajo control y consiguen imponer el poder de Roma por todo el territorio....

 

 

 

 

Los primeros pasos de la conquista de Hispania por Roma se producen en el contexto de las guerras con Cartago. La rápida expansión del poder cartaginés por territorio peninsular alarmó a Roma y provocó la Segunda Guerra Púnica, entre los años 218 y 201 antes de Cristo. A partir de este momento, Roma comenzó a enviar a sus tropas a Hispania, dando comienzo la conquista propiamente dicha.
La guerra de conquista contribuía a disolver las tensiones sociales de Italia. Además, los soldados legionarios encontraban pocos estímulos para desear el fin de las operaciones militares, ya que la guerra les ofrecía al menos un medio de vida.
Desde el fin de la II Guerra Púnica, Roma siguió enviando a la Península dos legiones con sus correspondientes tropas auxiliares. A partir del 197 antes de Cristo, cada una de esas legiones dependía de un gobernador provincial con el título de proetor, ya que el territorio controlado por Roma fue dividido en dos provincias, la más alejada de Roma o Ulterior y la parte más próxima o Citerior.
En el centro de los campamentos militares se hallaba la residencia del pretor, praetorium, y la sala de los estandartes, aedes signorum. También se situaba el tribunal, donde el gobernador administraba justicia, y el auguratorium, para la consulta augural de la voluntad de los dioses, que era realizada por el propio gobernador sirviéndose de manuales al uso. El campamento militar, organizado siempre de la misma manera, era un reducto que imitaba la ciudad de Roma, un espacio romano asentado en medios provinciales.
Según los relatos de los autores antiguos, en los campamentos romanos, había buhoneros y prostitutas indígenas. También nos hablan de la baja moral de los soldados, que no tenían excesivo interés en volver a Roma para pasar a engrosar las filas de los desheredados de las ciudades. Además, muchos de ellos establecían sólidos vínculos con las poblaciones locales.
En caso de necesidad, Roma podía ampliar los contingentes reales de tropas de cada legión o bien enviar a uno de sus dos cónsules, ya que los cónsules tenían mando sobre dos legiones. Así, se calcula que se emplearon en el cerco de Numancia a unos 20.000 hombres.
Pero la conquista de la Península no fue llevada a cabo sólo con las tropas romanas sino con el apoyo de los indígenas. Ya desde la época de la II Guerra Púnica, las legiones romanas comenzaron a contar con los celtíberos, que se situaban junto a las tropas auxiliares. Los cartagineses se sirvieron igualmente de hispanos, de unos como aliados que se costeaban su equipo y sus gastos pero de otros como mercenarios. Las malas condiciones económicas de algunas poblaciones obligaban a que muchos buscaran en la guerra un medio de subsistencia.

 


 

 

 

- NO TIRARLES AL CESAR  BOCADILLOS

DE CARNE MECHADA DE GLADIADORES

QUE COJE UN MOSQUEO DE COJONES.