Hay un Cádiz que muere y otro que nace sin ser muy consciente de lo que deja en el camino. Son ciclos que se cumplen y que pasan desapercibidos, hasta que se cae en la cuenta de que es necesario explicar al acompañante lo que había en una esquina, en un local o una finca.
Ese negocio que cerró, símbolo de una época y de unos gustos ya extintos.
La lista es larga y no entiende de oficios: Confecciones Merchán, la Platería Mexía, la tienda de decoración Moravia y, a partir del 1 de octubre, Moral.
La esquina de la elegancia, las ceremonias y del más puro clasicismo cierra sus puertas para siempre.
Y no hay mejor despedida, sobre todo para los bolsillos del cliente, que una partida con liquidación incluida.
Unas rebajas del 50% en todos los productos que ayer llenaron los mostradores de una tienda que se ha quedado a cinco años del centenario.
De su paso material por la ciudad sólo quedará su fachada mármol, madera y latón.
Y los armarios de muchos gaditanos.
Por eso, decenas de gaditanos se acercaron hasta la confluencia de san Francisco con Columela para adquirir su último terno de Moral.
Zapatos, calcetines, traje de chaqueta y camisa.
Todo a juego, clásico y «de calidad» como defendían ayer los empleados.
Unos trabajadores a los que les faltaban manos para atender a clientes «a los que hacía años» que no veían, como explicaba Francisco Brea, empleado del negocio desde hace casi 40 años.
Porque, aunque ayer Moral estuviera de liquidación no perdió la compostura ni un momento.
Atención primorosa y detallista.
De metro en el cuello y vales para pasar por caja.
Una proporción de un cliente por cada empleado, que por si acaso ayer se disculpaba por un trato que «no era el deseado». «Hace por lo menos 20 años que no veíamos la tienda tan llena», confesaba el dueño, Benito del Moral, entre risas.
Pero, a renglón seguido, añadía en un tono mucho más serio: «La verdad es que hace muchos años.
Lo más parecido es en la época de Reyes, pero los de hace 10 años, no los de ahora».
Una falta de clientela que ha llevado a que el pulso lo vuelva a ganar la franquicia.
En este caso, Claire´s una multinacional de accesorios para chicas jóvenes.
Todo un cambio trascendental a una esquina que perderá su identidad y dos de sus empleados en dos meses. Ambiente triste Los trajes de ceremonias, las guayaberas -o cubanitas- y la sastrería a medida dará paso a un público juvenil, lejano al segmento de público al que se dirigía Moral.
Lo suyo eran más las ceremonias elegantes, la parte de las invitaciones en la que reza «se ruega etiqueta».
Francisco Brea lo sabe bien.
Con su experiencia en Moral no hay detalle del vestir que se le escape.
Un oficio que le apasiona pero del que se despedirá.
Brea irá al paro, con 55 años, pero «con alegría».
«Estoy tranquilo porque se que mi trabajo lo he hecho bien.
No es por mí», se excusaba con una sonrisa mientras Del Moral le miraba con ojos tristes:
«Es muy duro son muchos recuerdos.
A los dos despedidos le hemos dado la máxima compensación que hemos podido».
Una situación que llevaba a los empleados a reconocer su tristeza.
Salvo los despedidos, el resto de la plantilla pasará a Lobato, la tienda que los Del Moral tienen enfrente.
Desde allí, contemplarán los escaparates vacíos con la añoranza del Trofeo Carranza -que este año no se expondrá- y de los trajes de Comunión.
Recuerdos de blanco que ahora descansan en los armarios gaditanos rememorando los tiempos en los que el traje del niño se compraba cuando Don Vicente del Moral montaba su escaparate
CÁDIZ
«Nuestro padre dio prestigio al negocio»
La tradicional tienda de ropa de hombre Del Moral forma parte de la historia viva de Cádiz, puesto que en sus cuatro paredes se fraguó el Trofeo Carranza, que se expone cada año en sus vitrinas
. Los hermanos José León y Benito Moral son los que actualmente llevan las riendas del negocio.
/ MIGUEL GÓMEZ «En los años 70 hubo un bajón de ventas, pero no tan fuerte como éste»«Otro de nuestros clásicos es la colección de trajes de Comunión»«Mi padre llamó a mi hermano José León por la amistad que tenía con Carranza»
En la esquina donde uno se adentra en el corazón comercial de Cádiz se encuentra la tradicional tienda Del Moral.
Son vísperas de Reyes Magos y el trasiego de los clientes en este establecimiento de ropa clásica de hombre es constante.
Camisas, pantalones, cazadoras, corbatas, cinturones, zapatos.
Todo está meticulosamente colocado en los escaparates y estanterías de caoba, que fueron montados en los años 60 con esmero.
«La presencia del género es importante en esto de vender», reconocen los hermanos Benito Moral (63) y José León Moral Cabeza (43), la tercera generación que dirige el negocio en su larga trayectoria.
Cuatro paredes que si hablasen contarían muchas historias secretas de la ciudad, como el día que se fraguó el Trofeo Carranza (aún se expone en sus vitrinas cada año).
Otro de los clásicos de esta firma es la colección de trajes de Primera Comunión que expone en sus escaparates a primeros de año.
Y es que, ¿qué gaditano no ha comprado una camisa alguna vez en Del Moral?
-¿Cómo y cuando se funda el establecimiento?
-Benito: Nuestro abuelo, Benito Moral del Valle, abrió el negocio en el año 1915.
En principio se vendió tejido; luego, mi padre, Vicente Moral Alonso, se pasó a la confección en los años 40.
Aquí vendemos todo tipo de ropa para el hombre, como camisas, pantalones, cazadoras y complementos; además, hacemos trajes a medida.
Sin ir más lejos, yo mismo soy sastre.
-Ustedes son testigos de la evolución en el sector.
¿En qué ha cambiado con los años?
-Benito: En todo.
Al igual que mi hermano, yo entré a trabajar en la tienda con 16 años, cuando terminé el Bachiller.
Mi primer oficio fue limpiar los cristales del escaparate e ir a cobrar a los clientes a sus casas porque entonces se fiaba y todo se registraba en el libro de clientes, algo que dejó de existir cuando nació la tarjeta de crédito... ahora se fía al banco (sonríe).
Entonces esto funcionaba muy bien y había mucho trabajo en sastrería.
Cuando cumplí los 22 años me fui a estudiar durante seis meses a una academia de Barcelona que se llamaba La Confianza.
-José León: Desde que comenzamos hemos hecho todo tipo de trabajos, algo importante para conocer bien el sector.
-¿Cuál es el secreto de seguir en la brecha tantos años?
-Benito: La fidelidad de los clientes es fundamental.
Hay personas que vienen a comprar aquí porque lo hacían sus abuelos o padres y son casi como una familia para nosotros.
Muchos de ellos vienen desde los pueblos, como Medina, Barbate y Vejer.
Hoy en día la confección está más avanzada en las grandes superficies.
Nuestra ventaja está en la atención al cliente.
Ese trato cercano es el que nos diferencia aunque corran malos tiempos.
-Además, ustedes venden calidad.
-José León: Sí, nuestro prestigio viene dado por la calidad, pero también ayudó mucho el hecho de que mi padre fuese un personaje público en la ciudad, ya que fue el primer teniente de alcalde de José León de Carranza, y que aquí se reuniesen ambos para tratar asuntos sobre la ciudad.
En esta tienda, por ejemplo, se fraguó el Trofeo Carranza, prueba de ello es que hasta ahora exponemos el trofeo en esta tienda.
También se puede decir que la celebración del actual Carnaval gaditano fue ideada en estas cuatro paredes.
Todo eso despertó curiosidad en los gaditanos y les hizo venir a conocer la tienda; el lugar donde tantas horas pasaba nuestro padre reunido con el entonces alcalde de la ciudad.
Ésa quizás fue nuestra mejor época.
Frente a los mostradores se agolpaba la gente haciendo largas colas esperando a ser atendida.
-Benito: La amistad entre nuestro padre y Carranza fue tal que a mi hermano le pusieron el mismo nombre del alcalde, quien fue su padrino en el bautizo (muestra una fotografía en blanco y negro del ex regidor gaditano colocada en la pared).
-Ustedes también están especializados en trajes de Primera Comunión.
-José León: La exposición de la colección de vestidos para la Comunión en el escaparate a primeros de año es otro de nuestros clásicos.
Es una forma de participar en las tradiciones de la ciudad durante casi cien años.
Las prendas expuestas a la venta pertenecen a la línea clásica, que en el caso de las niñas son los vestidos de tablas de lorzas ya sean con el casco que incorpora velo o con flores para el pelo.
Y para los niños, las chaquetas y los trajes de marinero.
-Benito: Hace años poníamos el escaparate en marzo pero como las mamás empiezan a preguntar cada vez antes, solemos hacerlo prácticamente después de las fiestas de Navidad.
-Imagino que con tan dilatada experiencia habrán conocido alguna crisis económica como la actual.
-Benito: En el año 70 hubo un bajón en las ventas, pero no tan drástico como el actual.
Una crisis como ésta nunca la he vivido.
Las ventas han bajado en un 40%, las personas ya no compran, ni tan siquiera entran a la tienda.
Cádiz se ha convertido en una ciudad de parados en donde la gente joven se va porque no hay trabajo.
Atrás quedan aquellos años dorados donde todo el mundo trabajaba en la Bahía y en Astilleros.
Nuestros hijos han hecho bien en no meterse en estos líos, pues después de nuestra generación veo difícil que continúe el negocio familiar.
-¿Entonces cree que este tipo de tiendas tiene sus días contados?
-Benito: Sí, porque actualmente hay mucha variedad de tallas en las grandes superficies.
La sastrería tiende a desaparecer, aunque me cueste admitirlo porque yo sigo siendo un amante de mi trabajo a mis 63 años.
-José León: Épocas como las de antaño no volverán (lamenta, mientas dobla las camisas sobre el mostrador para colocarlas en las estanterías).




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