A todas las lenguas viperinas del mundo

 

 

 

-No me juzguéis sin saber nada de mi persona, no hacerlo por las apariencias, ni por lo que podáis haber escuchado en boca de otros, esos difamadores no les temo en absoluto, ni al mísero escuchante transmisor de chismes sin verificar.

-Son ustedes peores que las ratas, debieran de probar algún día vuestro propio veneno difamador, ese que tan gratuitamente vomitan vuestras sucias y venenosas bocas sobre las pobres victimas elegidas.

-Suena a grosería y lo es, pero " me importáis un huevo" lo peor es que el mayor daño de vuestras injurias la sufren los seres que quieren a los injustamente elegidos, si al final de la tortuosa lapidación verbal conseguís acabar con la victima, no habréis ganado nada, pero el sí, el descansará de vuestras crueldades.

-Pero no olvidéis que nadie se marcha de este mundo sin pagar, los seres despreciables como vosotros jamás tendréis paz, ni descanso, ni nadie que os amen, ni un puto recuerdo de vuestras sucias y rastreras vidas.

-Ya veis al final nada, el mayor vació y la mayor soledad.

-Solo las mentes manchadas de tanta mierda, y el alma de vosotros podridas y putrefacta, oxidada de no usarla para nada noble, viles chivatos, despreciables desechos, asquerosos y repúgnales " lame culos" hijos de la miseria y la difamación.

-Como veis a cada cerdo les llega su San Martín, con perdón a los cerdos por esta similitud con ustedes.

 

 

A la memoria del Sr. Berlanga.